Valen más muertos que vivos

Harold A. Mooney*

Reseña tomada de la revista Nature, 10 de Febrero, 2000 del libro
Requiem for Nature (Requiem por la Naturaleza )
de John Terborgh
(Island Press: 1999. 656 pp.)

Debemos procurar conservar la biodiversidad simplemente por sí misma? John Terborgh ha escrito un libro desesperanzador en el que presenta una imagen desoladora del estado actual y el pronóstico para los ecosistemas de los bosques tropicales. Su conclusión es que los intentos de los grupos locales e internacionales por tratar de conservar los ecosistemas de los bosques tropicales naturales no están funcionando y, en algunos casos, están actuando en contra de la viabilidad a largo plazo de las pocas reservas que existen.  Dado que la  única solución que Terborgh sugiere parecería irrealizable para la mayoría, o al menos imposible de llevar a cabo en el tiempo que tenemos para salvar lo que existe, Requiem for Nature deja al lector bastante desesperanzado.

¿Qué es lo que ha llevado a Terborgh a semejantes conclusiones? Él ha dado muestra de sus capacidades como observador a largo plazo de la situación de los parques  tropicales, particularmente en el Perú, pero también en otros lugares del mundo tropical. Y lo que ha observado es la constante erosión de la totalidad de las reservas en la medida que las presiones de la población aumentan a su alrededor, asociadas con una falta de capacidad institucional para manejar las amenazas locales para la vida silvestre. Además, Terborgh ha documentado que se necesitan áreas grandes para mantener a los depredadores al final de la cadena trófica en los bosques tropicales, y ha encontrado que éstas son generalmente mucho mayores que lo que miden las reservas actuales. También ha expuesto las  consecuencias esenciales que implicaría la pérdida de estos depredadores para la dinámica de los ecosistemas forestales.

¿Qué es lo que Terborgh piensa que deberíamos estar preservando? Él afirma que el concepto de biodiversidad establecido en la Convenio sobre Diversidad Biológica es demasiado amplio (desde genes hasta ecosistemas), y que deberíamos concentrarnos en las especies. Sin embargo, luego señala que es realmente la interacción de las especies (la red de  interacciones)  que deberíamos estar preservando, la que permite la existencia de las especies de la parte alta de la cadena trófica.  El no piensa que la especie humana deba ser parte de estas interacciones, y ciertamente no debería ser parte de los parques. El mensaje contundente de Terborgh es que deberíamos estar conservando la biodiversidad por sí misma y no por ningún valor utilitario, y que los argumentos para la conservación "deben ser espirituales y estéticos". Su argumento va en contra de los esfuerzos por la  conservación que se basan en el beneficio económico  potencial que se obtendría de los bosques intactos por medio de su exploración para medicinas y otros productos, o con el  desarrollo del ecoturismo. Considera que esas actividades generadoras de dinero serán insuficientes para salvar los bosques tropicales y que, usando su frase  impactante, esos bosques "valen más muertos que vivos". No hay duda que esta aseveración causará considerable consternación entre los conservacionistas. Terborgh no evalúa, ni siquiera discute, el concepto de los servicios ambientales y cómo podrían intervenir en la ecuación  de la conservación. Sin embargo, sería difícil hacer esto en el contexto de los sistemas sociales ineficientes que atribuye a muchos de los países en desarrollo donde están los parques tropicales.

El libro presenta cifras llamativas: 50 % de la biodiversidad mundial está alojada en tan sólo 7 % de la superficie de la Tierra que constituyen los bosques tropicales. Sólo 8 % de estos bosques están protegidos, al menos en el papel. Terborgh plantea también que las declaratorias de parques no permiten que se perciba su falta de protección. El autor hace notar que la superficie necesaria para que un parque pueda sostener una población viable de algunos de los  depredadores grandes en estos sistemas, es alrededor de un millón de  hectáreas. Pocos parques son tan extensos. Según estimaciones conservadoras, el último bosque tropical viejo, fuera de los parques, se habrá extinguido a mediados de este siglo, haciendo del tamaño y la integridad de los parques una preocupación aún más  urgente.

¿Cuál es entonces la respuesta de Terborgh? Primero, debemos hacer algo frente a las fuerzas que están contrarrestando los esfuerzos de conservación --"sobrepoblación, desigualdades en el poder y la riqueza, agotamiento de los recursos naturales, corrupción, ilegalidad, pobreza e inestabilidad social". Más directamente, necesitamos diseñar una mejor protección para los parques. Terborgh toma al servicio de los parques en Estados  Unidos como modelo de lo que se necesita: personal bien entrenado, que conozca los parques y tenga autoridad para protegerlos, junto con un presupuesto para hacerlo y una población que valore su existencia.

Terborgh cree que este modelo no puede conseguirse con la actual presión de la población  y los sistemas sociales que prevalecen en muchos de los países tropicales. Siente que la administración y el manejo de los sistemas naturales no pueden dejarse en manos de la población local en la mayoría de estas regiones. En lugar de esto propone un esfuerzo de arriba hacia abajo, una especie de fuerzas de custodia de la naturaleza de las Naciones  Unidas, para proveer de personal los parques tropicales en los países en los que todavía hay posibilidades de salvar algo.

Este es un planteamiento bastante radical, y es diametralmente opuesto a muchos de los esfuerzos que están tomando a  'la comunidad' como la unidad fundamental de conservación  "de abajo hacia arriba",  usando los conocimientos y las necesidades locales.

Es interesante comparar la posición de Terborgh con la de Daniel Janzen, otro distinguido ecólogo que ha tenido una carrera comparable.  Tanto Janzen como Terborgh han dedicado mucho de sus carreras a realizar estudios sobre el terreno de los bosques tropicales. Ambos dedican una parte de cada año a realizar investigaciones en sus respectivas regiones de estudio. Janzen llegó a la conclusión de que "la humanidad posee la vida en la Tierra. Planea el mundo, si bien con alguno falto de compromiso por aquí y un desinformado por allá".  Él está buscando la coexistencia de la humanidad con la naturaleza antes que la exclusión de la humanidad, que, desde su punto de vista, sería perder las verdaderas cosas que estamos tratando de proteger.

Janzen se pregunta cómo podemos cumplir de manera más responsable este encargo de manejo. El se ha convertido en un jardinero de sistemas naturales, que trabaja en su restauración y alimenta su diversidad. Para hacer esto, ha comprometido y entusiasmado a la población local, trabajando con su visión de la sustentabilidad empleando a muchas de las partes involucradas.  Los puntos de vista de Terborgh y Janzen no podrían ser más distintos a pesar de tener experiencias similares.

Terborgh se ha concentrado en una remota reserva tropical húmeda en Perú, mientras que Janzen ha trabajado más intensivamente en un bosque tropical seco en Costa Rica, un sistema que ha sido ampliamente transformado por la actividad humana. Estas diferencias ciertamente  pueden explicar el por qué de sus puntos de vista distintos. Más aún, no solamente son diferentes los sistemas ecológicos en los cuales ellos trabajan, sino que, como lo señala Terborgh, Costa Rica es un modelo de lo que se puede hacer para la conservacion a través de los gobiernos locales en países en desarrollo.  Pero tiene menos esperanza para la mayoría de los otros países tropicales.

La mayoría de nosotros está situado en el amplio terreno intermedio entre los puntos de vista de Janzen y Terborgh. Es importante, sin embargo, tomar en cuenta las advertencias de ambos para ayudarnos a evaluar cuán acertadamente estamos actuando.

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* Harold A. Mooney trabaja en el Departamento de Ciencias Biológicas, de la Universidad de Stanford, California 94306, USA.
 


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